
Poema Manifiesto
No soy la que se guarda las cosas,
de alguna forma mi cuerpo lo grita.
Soy de las que escriben, de las que se comunican.
Mi abuela decía que soy de esas almas que hacen que las aves canten,
pero yo nunca le di un voto de confianza a mi garganta ronca.
No vine para llenar espacios vacíos, no soy la otra mitad de nadie.
Pero me comporto como la lluvia de verano
que aparece y desaparece antes de que la extrañes.
Soy el columpio de una infancia golpeada
dentro de un cuerpo adulto,
que busca hamacarse hasta las nubes
pensando en volver abrazar a mi abuela.
No siempre puedo con todo, me cuesta pedir ayuda,
pero detrás de la coraza aún resiste la ternura.
No ando con mapas, uso la intuición como brújula
y a la revolución como bandera.
No le temo al viento, mis raíces suelen estar firmes
en lo hondo del barro seco.
No tolero la violencia: me aturde hasta lo profundo del alma.
En el pasado dejé que más de una vez me mordieran los perros.
Tarde pero segura, después aprendí a mandarlos a la cucha.
Hoy me atrevo a decir, que soy felizmente la mujer que día a día
hace el intento de gobernar su propio jardín.
Victoria Revol.

